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HACCP (Hazard Analysis Critical Control Point) - Revista Profesional Cocina Colectiva

El control de la conservación en frío
HACCP | Christian Delagoutte, Doctor Veterinario

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En restauración, el término conservación significa que el momento de consumo de los alimentos y el de la preparación difieren.
En el artículo anterior, se ha mencionado la conservación en caliente, con sus ventajas y sus inconvenientes. Para esta última, la principal restricción consistía en el menor tiempo de conservación, lo que no sucede en la conservación en frío. Pero otros imperativos deben tenerse siempre presentes.

Examinaremos las principales etapas, luego, como en todo enfoque HACCP, conjugaremos con cierta libertad las 5 M. Sin embargo, no olvidar nunca que un exceso de gérmenes implica una contaminación inicial, raramente suficiente para ser peligrosa, pero que siempre va seguida de un desarrollo microbiano y una destrucción microbiana ausente o ineficaz.
En último lugar compararemos rápidamente las ventajas e inconvenientes de ambas conservaciones, en frío y en caliente.

La conservación en frío, ¿en qué condiciones?
Puede ser una buena opción tanto para una cocina central como en el caso de una cocina con restaurante contiguo a ésta. El intervalo de espera, entre preparación y consumo, puede dilatarse en el tiempo y el espacio, o sólo en el tiempo.

Las etapas comunes
Como siempre e independientemente del funcionamiento, las etapas siguientes son ineludibles: la recepción de las materias primas, su almacenamiento en despensa seca, en cámaras frías positivas o negativas y el descondicionamiento justo antes de las preparaciones.

Las etapas propias a la conservación en frío:
A partir del acondicionamiento tenemos varias posibilidades. O bien optar por una preparación y una presentación de los productos que no sufrirán tratamiento térmico, o bien por una preparación asociada a una cocción. Tenemos así dos grandes familias de preparaciones en frío.

La ausencia de cualquier tratamiento térmico:
Preparaciones, como las entradas frías y algunos postres, resultan de la sucesión de las siguientes etapas: el saneamiento de las frutas y/u hortalizas, luego la adición, en el momento de la presentación de los platos o raciones, de una salsa o de una mezcla preparadas con unos días de antelación, o no, en empresa o en la cocina. Estos últimos componentes pueden haber sufrido un tratamiento térmico.
Para concluir, un simple saneamiento y la ausencia de tratamiento térmico impiden toda destrucción microbiana segura. Por el contrario, en caso de cocción, las temperaturas en el interior del producto serán extremadamente importantes.

¿Qué precauciones tomar para las preparaciones sin tratamiento térmico?
En primer lugar, y si no se consume enseguida la preparación, resulta indispensable sanear las frutas y hortalizas.
Esta intervención debe tener lugar en un local separado del de las preparaciones. Si no se dispone de un lugar propio, el saneamiento puede realizarse la víspera por la noche, en el local de preparaciones frías, pero antes de las operaciones de limpieza/desinfección. A continuación, estas frutas y hortalizas saneadas se guardan al frío y protegidas de todo tipo de contaminación.
Para el saneamiento, la mejor solución consiste en limpiar perfectamente las verduras y frutas, quitándoles todo rastro de tierra y bañándolas luego en agua clorada en la proporción de 1,5 gramos de cloro activo en aproximadamente cuarenta litros de agua. Dejar en remojo cerca de diez minutos, a continuación enjuagar con abundante agua, a la que se le puede añadir vinagre.
Sin embargo, no hay que engañarse, las ensaladas contendrán aún algunos gérmenes y en particular Bacillus cereus. Resulta interesante analizar estos últimos, puesto que constituyen un buen indicador de las contaminaciones telúricas residuales.
El local, más que para cualquier otra manipulación, debe estar perfectamente adaptado. Los revestimientos murales y del suelo deben ser resistentes, fáciles de limpiar y desinfectar y no presentar nichos donde se acumule la suciedad. En función del tiempo de presencia de los alimentos, el local deberá estar más o menos refrigerado. Lo ideal sería temperaturas de 8°C.
El método de trabajo también debe ser riguroso y la guerra a las contaminaciones cruzadas debe ser permanente. Lo mejor es programar el orden de las preparaciones de modo que las materias potencialmente más contaminadas se preparen siempre en último lugar. Del mismo modo, no está de más prever el mismo enfoque para los alérgenos. Se comienza por las preparaciones sin alérgeno luego por las que contienen uno, luego dos…
Es obvio que se debe desempaquetar antes de pasar a los locales de preparación. Para los acondicionamientos como latas de conserva, bolsitas o bolsas de materias primas, se impone una limpieza/desinfección, para minimizar las contaminaciones del local de preparaciones.
Para limitar la multiplicación microbiana, es indispensable que la temperatura de los productos no supere los 4°C, para ello debe limitarse al máximo su permanencia en el local de preparaciones.
El personal debe conocer a la perfección los métodos de trabajo anteriormente mencionados, pero también llevar el uniforme de trabajo adaptado. Esto implica una protección frente al frío, protecciones de los antebrazos, guantes y una máscara. Para esta última, que a veces es difícil de mantener, los cubre-barba, incluso sin barba, son más cómodas de llevar y no presentan este problema. Volver a ponerse una máscara, sin lavarse las manos a continuación, es más perjudicial que su ausencia. Siempre es una obligación lavarse bien las manos.

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