Aceite de freír y riesgos
HACCP | Christian Delagoutte, Doctor Veterinario
El aceite es un agente de cocción utilizado por el hombre desde
hace unos 6000 años. Por consiguiente, no es un producto nada nuevo,
pero es necesario conocer las características y las condiciones
de utilización de los diferentes tipos de aceite a fin de controlar
los posibles riesgos.
Examinaremos paso a paso las características químicas de
los diferentes tipos de aceite, sus riesgos potenciales, el motivo de
su aparición, las cantidades máximas reglamentarias de los
compuestos tóxicos, la buena gestión de las freidoras y
los aceites, así como las más recientes obligaciones reglamentarias.
Diferentes tipos de aceite:
Antes de examinar los riesgos potenciales relativos a los aceites de freír,
es importante conocer su composición.
Los aceites son producto de una reacción química entre un
alcohol (glicerol) y un ácido graso. Los aceites se diferencian
por el ácido graso. Su molécula es una sucesión de
átomos de carbono e hidrógeno, terminada por una función
ácida. El número de átomos de carbono y sus enlaces
químicos, simples o dobles (más frágil), es lo que
diferenciará los aceites. Hablaremos de grasa saturada cuando no
existe doble enlace y de grasa insaturada cuando existe un enlace o doble
enlace. Cuanto más insaturados sean los aceites con tres dobles
enlaces entre los átomos de carbonos, es decir en ácido
linolénico, dichos aceites serán más frágiles
a temperaturas elevadas. El cuadro muestra la composición de los
diferentes tipos de aceite.
Riesgos químicos potenciales:
Bajo el efecto del calor, contactos con los alimentos y el aire, las moléculas
se modifican durante la cocción y dan nacimiento a compuestos de
oxidación potencialmente tóxicos, incluso cancerígenos.
Un comunicado de la AFSSA (Agencia Francesa de Seguridad Sanitaria de
Alimentos) del 22 de junio de 2005, referente a los aceites y sus compuestos
de degradación, relativiza su potencial fragilidad, pero enfatiza
sobre todo su correcta utilización. Algunos párrafos: "Los
tratamientos térmicos influyen más en la aparición
de compuestos químicos no deseados que la composición de
los aceites
El criterio del contenido en compuestos polares, que
debe seguir siendo inferior a 25 % en un aceite tras calentamiento, resulta
fácil de controlar en un medio industrial y en restauración
utilizando las pruebas que dispone". La AFSSA señala un punto
esencial "el cumplimiento de las buenas prácticas de utilización
de aceites de freír (baño de aceite a 180° C máximo
y en menos de cinco horas) evita la producción de más de
25 % de compuestos polares. La cocción plana (en la sartén)
en presencia de alimentos que contienen agua no permite alcanzar los 180
°C." Los compuestos polares constituyen el elemento principal
para medir la toxicidad.
Normativa:
Se trata del Decreto del 11 de marzo de 1908, promulgado para la ejecución
de la ley del 1 de agosto de 1905 sobre la represión de fraudes
referentes a las grasas y aceites comestibles. Su versión consolidada
el 3 de abril de 1997 está disponible en la página Web de
Cocina Colectiva.
Dicho decreto señala que sólo los aceites que contengan
menos de un 2% de ácido alfa linolénico pueden utilizarse
para freír, debiendo incluir la mención "aceite vegetal
para freír y sazonar". La temperatura crítica para
dichos aceites es de 200º C, por lo tanto, su temperatura máxima
será de 180º C por cuestiones de seguridad.
Cuando se supera el 2%, los aceites sólo pueden utilizarse para
sazonar ensaladas u otros alimentos. En este último caso, la temperatura
no deberá superar los 130-140 grados.
El comunicado de la AFSSA minimiza esta distinción, según
el contenido de ácido alfa linolénico, y sólo recuerda
que la temperatura no debe superar nunca los 180º C, a fin de garantizar
según la normativa, el contenido en compuestos polares inferior
al 25% que se busca durante las pruebas.
El extracto de la normativa indica claramente: en su Artículo 3-3
Creado por Decreto n°86-857 del 18 de julio de 1986 art. 1 (JORF 24
de julio de 1986): "Las grasas y los aceites cuyo contenido en compuestos
polares es superior a 25% no son apropiados para el consumo humano".
La buena gestión de las freidoras y aceites:
Hemos visto que el riesgo potencial de los aceites se relacionaba, en
particular, con su degradación tras alcanzar temperaturas superiores
a 180º C. Por consiguiente, se deberá disponer de todos los
medios necesarios para no superar esta temperatura límite muy importante.
Selección de la freidora:
Resulta imperativo seleccionar una freidora que caliente lateralmente,
de tal manera que el fondo permanezca "frío" y no calcine
los restos de alimentos que podrían asentarse. Se deberá
contar con la suficiente superficie de calentamiento y circulación
de aceite a fin de no superar las temperaturas fatídicas, permitiendo
al mismo tiempo poder subir la temperatura durante cocciones intensivas.
La transferencia térmica no deberá superar los 3,5 W/cm².
Control de la temperatura:
El primer paso es comprobar la correcta calibración de los termostatos
utilizando el termómetro sonda. No se deberá alcanzar nunca
los 200º C. Se debe tener en cuenta que una diferencia de 10º
C adicionales, "envejecerá" el aceite dos veces más
rápido. El aspecto económico va de par con la seguridad
alimenticia.
Cuando se remoja un alimento en aceite caliente, se solidifican las proteínas
de la carne y se caramelizan los azúcares de las verduras. Esta
corteza externa limitará el paso del aceite al alimento. Por consiguiente,
resulta imperativo que la temperatura de aceite no disminuya al remojar
el alimento. Para esto, se deberá respetar la proporción
de un volumen de alimento para tres volúmenes de aceite. El producto
se sumergirá lentamente a fin de evitar una caída de temperatura.
Si ésta dura mucho tiempo, la corteza externa no se formará
y el alimento se empapará de aceite. Cuando se deben servir grandes
volúmenes, puede resultar interesante recurrir a una doble cocción,
antes del servicio y durante el mismo.
La selección de la temperatura varía conforme a la cantidad
de trozos, pero también a la fragilidad de los alimentos. Por consiguiente,
se recomienda una temperatura entre 170° y 180° C para las patatas
fritas; 160° y 170° C para el pollo y los buñuelos; 150°
y 160° C para las verduras y el pescado, algunos alimentos muy frágiles
sólo soportarán 140° C como máximo.
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