Contaminaciones cruzadas
HACCP | Christian Delagoutte, Doctor Veterinario
Tal vez sea fácil definir estos dos términos: "contaminaciones cruzadas". La "contaminación" está asociada a una aportación, una transmisión; el adjetivo "cruzada" a un cruce o encuentro de dos circuitos, que quisiéramos considerar paralelos pero que no lo son, y que acaban por ser la causa de potenciales preocupaciones.
En primer lugar, veremos de donde procede la contaminación inicial
de los alimentos y, a continuación, ejemplos sobre otros orígenes
posibles a lo largo de la cadena alimentaria. Esto le permitirá
comprender mejor las buenas prácticas de higiene o fabricación
(B.P.H. o B.P.F.) exigidas en cocina.
Estas B.P.H. deben ser comprendidas perfectamente, puesto que constituyen
su entorno de evolución diaria. Las B.P.H. corresponden a los programas
prerrequisitos de la norma ISO 22000.
¿De dónde procede la contaminación inicial de
los alimentos?
Los alimentos que consumimos proceden de vegetales o animales, de ellos
mismos o de los productos alimenticios que producen, como la leche o los
huevos.
No hay que olvidar que los campos donde se desarrollan estos vegetales
o animales son muy ricos en gérmenes (algunos millares por gramo).
Estos gérmenes se encontrarán en la superficie de los vegetales
(frutas y verduras) así como en la superficie de los animales.
Teniendo en cuenta que para estos últimos, el asunto es algo más
complejo. La superficie en contacto con el exterior corresponde a la piel,
lo que se comprende fácilmente, pero también a las mucosas
del tubo digestivo, de las vías urogenitales y aéreas.
De este modo, por simple deducción, casi podemos afirmar, sin riesgo
a equivocarnos, que el interior de una patata, una hoja de puerro o ensalada,
no contiene ningún o casi ningún germen, al igual que los
músculos de los animales vivos. En cien gramos de músculo
de un animal vivo encontramos, en general, un solo germen.
En cuanto a los huevos, nos encontramos más o menos en el mismo
caso (si la gallina goza de salud): pocos o ningún germen en el
interior, pero cantidades no despreciables en la cáscara.
El caso de la leche es mucho más complejo. En el momento de su
secreción, la leche es casi estéril. Enseguida, cuando se
dirige progresivamente hacia el orificio del pezón, encontrará
algunos gérmenes más o menos interesantes que subirán
hacia el interior de la ubre. Estos gérmenes pueden ser simpáticos
ya que representan los primeros fermentos lácticos que ayudan a
la transformación quesera de la leche, pero también algunos
gérmenes patógenos para la vaca, la cabra
y para el
consumidor.
Los estafilococos o las bacterias coliformes forman parte de esos gérmenes
que provocan mastitis e inquietud a los humanos. Se suman también
los gérmenes del entorno como las bacterias Listeria que ensuciarán
la parte terminal del canal del pezón o su exterior, contaminando
a continuación la cadena láctea y quesera.
Podemos observar, por consiguiente, que sin todas estas contaminaciones
procedentes del entorno donde se desarrollan los animales y vegetales,
la cadena alimentaria estaría casi indemne de los gérmenes
que solemos temer. También podemos añadir, y es una perogrullada,
que sin contaminación, no hay presencia de microbios y, en consecuencia,
ningún riesgo de proliferación.
Precisemos que algunos gérmenes como el bacilo de la tuberculosis,
la Escherichia coli Enterohemorrágica 0 157 H 7, y ciertos virus
pueden enfermarnos con poco menos de diez gérmenes por gramo. Para
los demás, siempre se requiere una proliferación para alcanzar
cantidades capaces de crearnos alguna molestia. Dichas cantidades fluctúan
entre los diez mil y algunos millares de gérmenes por gramo.
Como los gérmenes no surgen por generación espontánea,
para encontrarlos en un alimento, obligatoriamente, debe haber habido
una contaminación inicial. Esta última resulta, a menudo,
insuficiente desde un punto de vista sanitario, siendo necesarias condiciones
favorables de proliferación para que nuestros alimentos se conviertan
en productos peligrosos.
Para identificar todas las posibilidades de contaminación, debemos
disponer de un enfoque sistemático. Entonces resultará de
gran ayuda: un diagrama de las grandes líneas de la cadena alimentaria
y el método de las 5 M. Donde M representa la primera letra de
Medio, Material, Materia, Mano de obra y Método.
Hay que considerar que la contaminación puede corresponder sólo
a un peligro. Simplificando, este último puede ser físico,
químico o biológico, lo que siempre se deberá tener
en cuenta.
La producción primaria
Ésta representa la fuente inicial de toda nuestra alimentación,
ya sean las producciones hortenses, fruteras, cerealistas o animales.
La producción primaria debe garantizar que los alimentos no representan
ningún riesgo para la salud y que permiten las transformaciones
futuras.
Si aplicamos las cinco M, tenemos sucesivamente:
El Medio. Para los cultivos vegetales, habrá que evitar
un entorno susceptible de representar una amenaza para la seguridad de
los alimentos. Deberá proscribirse el acceso a los sectores contaminados
por agentes físicos, químicos y/o biológicos. Por
esta razón, es importante conocer con precisión el origen
geográfico de sus pedidos cuando inicia un proceso de seguridad
alimentaria.
Para los animales criados al aire libre, es obligatorio que los sectores
de cría no estén contaminados por sustancias que pudiesen
encontrarse en su organismo o producción.
Los edificios de almacenamiento o cría dispondrán de revestimientos
murales de calidad alimentaria, un plan de limpieza y lucha contra los
animales nocivos, que permitirán limitar las contaminaciones cruzadas.
Podemos imaginar que en ciertos países o para ciertos interventores,
resulta difícil controlar estos elementos.
El Método. Los métodos de cultivo o cría
deben limitar a un nivel aceptable las contaminaciones por estos peligros.
Es la gran novedad del reglamento CE 852 de 2004, que impone a los productores
del sector primario el cumplimiento de ciertas obligaciones, como llevar
un registro de los tratamientos fitosanitarios o veterinarios efectuados.
Y ello para permitir una mejor vigilancia de los niveles de contaminaciones
iniciales de la producción primaria.
Asimismo, los explotantes deben seleccionar correctamente los productos
alimenticios impropios al consumo y, a continuación, protegerlos
de cualquier nueva contaminación, así como de la humedad
y las temperaturas inadecuadas que eliminarían las buenas prácticas.
La Mano de obra. Sea cual sea su sector de actividad, la mano de obra debe respetar un nivel de higiene aceptable y no representar una fuente de contaminación por indumentaria o manos sucias.
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