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HACCP (Hazard Analysis Critical Control Point) - Revista Profesional Cocina Colectiva

El control de la conservación en caliente
HACCP | Christian Delagoutte, Doctor Veterinario

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Cuando se habla de conservación en caliente es importante conocer las distintas etapas, los peligros potenciales asociados, los límites y los inconvenientes. A continuación y sobre todo, lo que se puede implementar.

Las diferentes etapas:
Vamos a prever las distintas etapas en el caso de una cocina central que suministrará a cocinas satélite. Conocemos ya una serie de etapas comunes y eso independientemente del tipo de conservación elegida: la recepción de las materias primas, su almacenamiento en despensa seca, en cámaras frías positivas o negativas, el acondicionamiento y la cocción.
A partir de ahí, en conservación en caliente tendremos un acondicionamiento en caliente; la adjudicación; el transporte en caliente; la recepción en los satélites; el almacenamiento en caliente; la presentación y el mantenimiento de la temperatura hasta la entrega a los comensales.
Como se puede ver, la principal preocupación será mantener la buena temperatura para preservar las calidades organolépticas de las comidas y sobre todo la seguridad alimentaria.

Los peligros que amenazan nuestros alimentos:
¿Cuáles son?
Es necesario, por supuesto, prever siempre los peligros físico-químicos que pueden estar presentes en las materias primas o aparecer en la cocina durante las preparaciones. Pero hay que reconocerlo, tanto en conservación en frío como en caliente, esto apenas afecta.
Como siempre, los principales peligros son los microorganismos.
Al principio, los microorganismos siempre aparecen asociados a las contaminaciones de las materias primas y, a continuación, a las contaminaciones cruzadas resultantes de las actividades en la cocina, pero también, y sobre todo, a su desarrollo cuando el tiempo de espera y las temperaturas son favorables.
Salvo las conservas, todos los productos están más o menos contaminados. Lo fundamental es que esta contaminación permanezca dentro de los límites de lo aceptable en cuanto a calidad y a su número.
A parte del bacilo de la tuberculosis, para el cual basta un único elemento para contaminar a una persona, el resto de los microorganismos peligrosos asociados a los alimentos requieren un número mínimo.
Para las salmonelas y según las cepas, el número necesario por gramo de alimento varía de cien mil a mil millones; para los estafilococos, un millón por gramo bastan para producir suficientemente toxinas capaces de causar vómitos o diarreas; para Listeria monocytogenes, alrededor de un millón por comida o del miles por gramo, ya que se estima la cantidad media de un plato en cien gramos; el Bacillus cereus a diez millones por comida al igual que el Clostridium perfringens; pero otros pueden ser peligrosos a dosis más bajas como el Campylobacter a quinientos por gramo y aún, el Escherichia coli -el más peligroso (como el O 157 H 7)- con el que puede bastar de dos a cincuenta por gramo.
A título informativo, este último E. coli muy particular, es un germen que vive en los intestinos de los bovinos, sin causarles daño, pero puede encontrarse en las carnes y en particular en la carne picada. Sus consecuencias no se limitan a una simple molestia digestiva, sino que puede atacar los riñones acarreando una insuficiencia renal irreversible.

¿Dónde se encuentran?
Todos estos encantadores personajes se fijan siempre en la superficie de los pedazos de alimentos. Estos pedazos pueden ser un bistec, una patata entera, pero cuando se pican estos pedazos en hamburguesas o en puré, por ejemplo, los gérmenes se encontrarán en su superficie y, por consiguiente, eventualmente en el interior de un volumen importante de comida.
No se debe olvidar nunca esta localización de los microbios en la superficie de las partículas alimentarias.

¿Cómo se desarrollan?
Para desarrollarse, los microorganismos necesitan un alimento conveniente, en el cual haya bastante agua a disposición, una acidez aceptable…, pero sobre todo, tiempo y una temperatura que les permita multiplicarse. El par tiempo/temperatura es indisociable de este aumento de las poblaciones microbianas.
Recordar la influencia de las temperaturas permite identificar correctamente los valores peligrosos. Por debajo de -18°C, no se puede desarrollar ningún microorganismo, pero ¡cuidado, algunos pueden sobrevivir! A partir de -1,5°C -como los Listeria monocytogenes y los Yersinia enterocolitica- y hasta +54°C -para los Clostridium perfringens-, estos gérmenes, potencialmente peligrosos para los humanos, podrán multiplicarse. Cada germen tiene sus intervalos de temperatura predilecta que le son más o menos favorables.
Tener siempre en mente que cuando nos acercamos a temperaturas cercanas a la del cuerpo de los animales (incluido el ser humano) y un poco superior, es decir, entre 35 y 50°C, nos encontramos en situación de conservación peligrosa.
En los alimentos con una temperatura superior a los +63°C, no se puede desarrollar ningún germen, y, según su resistencia, comienzan a ser destruidos. Este + 63°C, debe constituir un límite permanente, por debajo del cual no se debe descender.
Así, para que no se desarrolle ningún microbio, la temperatura debe ser inferior a -18°C ó superior a +63°C.
Entre estos dos valores extremos, el desarrollo microbiano será posible. Para las bajas temperaturas, el tiempo de duplicación de una población microbiana es a veces muy largo. Por ejemplo, para Listeria (germen que soporta muy bien el frío), es de seis días a 0°C, y sólo de unas seis horas a +10°C; para Clostridium (que aprecian el calor) a aproximadamente 40°C sólo será de unos quince minutos.

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